lunes, 26 de enero de 2015

PATERNIDAD, AMOR Y AUTORIDAD

PATERNIDAD, AMOR Y AUTORIDAD
TOMADO DEL LIBRO "LÍMITES A TIEMPO" DE HÉCTOR RODRÍGUEZ MORALES

En las familias con más niños que adultos se pueden votar las opciones propuestas por los padres, por ejemplo: los niños pueden elegir entre lavarse los dientes, me voy a lavar la cabeza, a) con pasta dental anticaries o 
b) con pasta dental mentolada. Lo que no está discusión es que tienen que lavarse los dientes y eso fue decidido previamente y a solas por sus padres. En política a esto se le llama "democracia dirigida" y es práctica común en los países llamados democráticos.

La forma de gobierno ideal dentro de la familia es la monarquía. De hecho, la monarquía ha sido una forma de gobierno perdurable porque replica, A escala social, la estructura de la familia y el gobierno familiar. En una monarquía los súbditos también tienen derechos y los monarcas también tienen obligaciones, y las principales obligaciones del monarca son procurar el bienestar del reino, escuchar a sus súbditos e imponer leyes justas para todos.

Lo mismo aplica, en cierto sentido, para la familia, pues aquí los padres son los monarcas, los hijos son los súbditos y la familia es el reino. La diferencia fundamental entre una monarquía y una familia es que la misión de los padres es preparar a sus hijos para que lleguen a ser independientes,autosuficientes y capaces de fundar sus propios "reinos", es decir, sus propias familias.
Conforme el niño crece dentro de la "familia monárquica" va adquiriendo mayores responsabilidades y los derechos, libertades y privilegios inherentes a esas responsabilidades; es decir, pasa desclavo aplebeyó, de plebeyo a Hidalgo, de hidalgo caballero, de caballero a varón, Visconde, conde, Márquez, Duque, archiduque y finalmente príncipe heredero, y no como en la mayoría de las familias, donde son "príncipes"O "princesas" desde que nacen.
Este avance gradual dentro de la familia garantiza que cuando los hijos alcancen la edad adulta estarán listospara el autogobierno, es decir, para hacer soberanos de sus propias vidas. Habiendo aprendido desde chicos lo que cuesta conseguir y conservar la libertad ya no la tomaran como un regalo sino como una conquista personal que exige dedicación, constancia, trabajo y esfuerzo.

El padre justo.
En ocasiones se considera que amor y autoridad son antónimos, por tanto, no se puede ejercer autoridad sobre los seres amados, a la inversa, que los padres que ejercen autoridad sobre sus hijos no los aman. Éste es un error muy peligroso. La paternidad sin autoridad constituye una especie de "estado fallido" y la familia sin gobierno firme está condenada a sufrir injusticias, carencias y conflictos dolorosos, en ocasiones desgarradores.

Los hijos aman a sus padres por lo que les dan, y las cosas más importantes que sus padres pueden darles son sustento, protección y un gobierno familiar justo y eficaz. El padre justo es fuente de paz y armonía dentro de la familia, y por tanto, de bienestar y felicidad. Un padre así ser amado por sus hijos, admirado por sus parientes y amigos y alabado por sus vecinos.
No puede haber amor en la familia si no hay autoridad. Sin autoridad el orden familiar se vuelve caos y se genera confusión, conflictos y odio; sin amor, la autoridad se vuelve autoritarismo, tiranía, despotismo, y el despotismo genera resentimiento y odio. Autoridad y amor son las dos caras de la misma moneda y esa moneda se llama paternidad eficaz y responsable.

El amor que se manifiesta a través de autoridad paterna y la autoridad paterna que se manifiesten amor, les dan a los niños un sentido de pertenencia familiar y orgullo de pertenecer a su familia. Ésa identidad y ese orgullo desencadenan confianza, solidaridad y respeto. Y desde luego, disciplina y obediencia, pero en una disciplina Cuarcita activa sino autodisciplina, y no una obediencia ciega sino convencida y entusiasta.
Nuestra tarea como padres es descubrir por nosotros mismos que amar a nuestros hijos y gobernar a nuestra familia con prudencia, respeto y firmeza son una y la misma cosa. A las sumir nuestra paternidad en estos términos, muchos de nuestros problemas de disciplina familiar y obediencia filial desaparecerán de manera casi automática y les podríamos dar a nuestros niños la autoestima y la seguridad que necesitan para crecer emocionalmente sanos, fuertes y felices.

Para convencer al niño de que las reglas existen y de que su mundo es predecible sus padres tienen la obligación de establecer consecuencias claras en caso de que las reglas no sean respetadas. Si la violación de las reglas tiene siempre las mismas consecuencias instantáneas y automáticas, significa que los padres están diciendo la verdad y que se puede confiar en ellos.

Pero si los padres, en lugar de aplicar medidas disciplinarias se enojan, se decepcionan o dan segundas oportunidades, el niño se verá en la penosa necesidad de volver a poner a prueba la regla, y lo seguirá haciendo hasta que quede convencido de que la regla es real, de que su mundo es predecible y de que puede confiar en sus padres. Mientras esto no suceda seguirá desperdiciando tiempo y energía muy valiosos que podría utilizar en su desarrollo personal.

El hijo desobediente es un niño que no ha tenido la conducción adecuada. Si queremos que obedezca no podemos esperar que él cambie: nosotros, sus padres, somos los que tenemos que cambiar nuestro estilo de liderazgo.

El primer secreto para ser buenos líderes familiares es dar órdenes sensatas, es decir, órdenes que no sean caprichosas, arbitrarias, irracionales, infantiles ni desafiantes. El segundo secreto es dejar de pelear con nuestros hijos, porque no somos iguales. El tercer secreto consiste en fijar reglas claras y justas, entendiendo que las reglas no se negocian: se cumplen o se pagan las consecuencias. La autoridad, más que el amor o el miedo, es la base del respeto y el respeto es la base de la obediencia; el cuarto secreto es ganarse el respeto de los niños.


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